La niña de cabellos rubios obssrvaba confundida a la mujer sin ojos que tenía adelante. La mujer alta y esbelta, de una piel desgarrada y palida. Con sus cuencas vacias pero desbordantes en lagrimas y sangre, su mandibula estaba quebrada y la sangre de ella salia a mares, goteando en en el piso de porcelana de la lujosa casa.
El ambiente era gelido y oscuro, la luz tenue de la luna si apenas alcanzaba a iluminar las penumbras de la habitacion. Los truenos resonando con eco en el cuarto se desvanecian en los oidos de la niña, quien solo veia curiosa al espectro delante de ella.
En la habitación no reinó más que silencio, interrumpido levemente por los suaves gemidos de dolor que podia emitir el ente de la dama.
Aunque la niña tuviese una terrible y espeluznante imagen frente a sus narices, ella no sentía miedo del espectro, todo lo contrario de hecho sentía curiosidad e interés
en conocer el porqué de la tristeza que transmitía las lágrimas de la mujer.
La mujer alzó debilmente su despielada mano, esqueletica y huesuda. Vaciló un poco pero con uno de sus largos dedos toco con ternura la mejilla de la niña. Reprimio los sollozos, no podia verla. Estaba ciega...
La niña sintio su escalofriante contacto, que no tardo en erizar su piel. La sangre sin quererlo mancho el rostro blanquecino de la niña, quien solo la observaba con algo de pena.
La mujer sabía que no se trataba de su hija.
Tendría entonces que seguir deambulando por la vida por poder encontrar a su añorada niña, esta vez estallo en llanto y se arrodillo hasta quedar a la altura de la pequeña rubia. Aun con su quijada partida intento unir sus labios y besar la frente de la infanta.
-Lo siento. -Susurro, su vestido desgarrado y roto comenzo a agitarse con el viento, igual que sus cabellos negros y mojados en sangre.
Su imagen se volvio gradualmente traslucida hasta que camino a paso ligero hacia la ventana, donde la luz de luna llena la envolvio por completo y su llanto y tristeza se alejo en un susurro de la niña inocente de ojos chocolate...
El espiritu de la ingenua dama divago y deambulo por las calles vacias de ese tetrico lugar, en busca de esa voz familiar que ella no se negaria a encontrar.
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